China se ha fijado un objetivo audaz en su camino hacia la supremacía cuántica: un ordenador cuántico "real" antes de 2030, capaz de resolver problemas del mundo real. En esta carrera de alta tecnología, una empresa se ha destacado como uno de los principales jugadores del país: SpinQ.
Puede que su nombre no te suene tanto como el de gigantes como IBM o Google, pero SpinQ ya ha hecho olas en el mundo de la computación cuántica. A principios de 2023, la compañía sorprendió al mercado con un ordenador cuántico extremadamente compacto que se parecía más a un PC que a las enormes y exóticas máquinas de sus competidores.
Pero la tecnología de SpinQ es diferente. Mientras que la mayoría de los equipos avanzados usan cúbits superconductores o trampas de iones, los de SpinQ se basan en la resonancia magnética nuclear (NMR). Esta técnica mide los estados de espín de los átomos de una molécula, una propiedad fundamental de las partículas elementales. La ventaja de este enfoque es que permite crear cúbits de forma más sencilla y económica, que además pueden operar en condiciones ambientales menos exigentes.
Ordenadores cuánticos "de bajo coste" y lazos con el gobierno
Aunque la tecnología NMR es madura y se conoce desde hace más de dos décadas (de hecho, se usó para ejecutar el famoso algoritmo de Shor en 2001), tiene una limitación clave: sus cúbits son muy sensibles al ruido, lo que dificulta la creación de procesadores con muchos de ellos. Sin embargo, su simplicidad los hace mucho más baratos de producir.
SpinQ lo ha aprovechado para lanzar lo que ellos llaman ordenadores cuánticos "de bajo coste", como sus modelos Gemini Mini, Mini Pro (dos cúbits) y Triangulum II (tres cúbits). A pesar de ser más accesibles que las máquinas de IBM o Google, estos equipos siguen siendo mucho más caros que un PC convencional; por ejemplo, una versión de Triangulum costaba alrededor de 56.000 euros en 2023.
Pero la ambición de SpinQ no se detiene en los equipos educativos. La empresa también está trabajando en máquinas mucho más potentes con cúbits superconductores. Su objetivo es tener listo un procesador de 100 cúbits antes de que termine 2025, y, lo más importante, un ordenador cuántico capaz de resolver problemas complejos antes de 2030. Para lograrlo, necesitarán desarrollar una máquina con miles de cúbits, y lo que es crucial, con la capacidad de corregir sus propios errores.
La carrera por la corrección de errores
Este último punto es clave y es la razón por la que SpinQ es un activo estratégico para China. La compañía tiene lazos muy estrechos con el gobierno chino, ha recibido subsidios de la administración de Shenzhen y colabora con instituciones de alto nivel. Para China, las tecnologías cuánticas son una prioridad nacional.
La meta de tener un ordenador cuántico que corrija sus propios errores para finales de la década no es un capricho. IBM tiene el mismo objetivo, y para China es fundamental igualar, si no superar, este hito para consolidar su posición como líder global en la tecnología del futuro. Con SpinQ a la cabeza, China está demostrando que está más que preparada para esta carrera.
La ambiciosa carrera de China por la supremacía cuántica: Un gigante llamado SpinQ