Hay historias de negocio que parecen sacadas de una película, pero que en realidad esconden una lógica muy concreta que cualquier emprendedor puede aplicar.
La de Marcus Gram es una de ellas. En 2018, Marcus vivía en casa de su madre, en Rochester, Nueva York, y ganaba 17 dólares la hora en un puesto directivo.
No era una mala posición, pero estaba lejos del nivel de libertad y abundancia que él imaginaba para su vida. Su plan inicial era invertir en bienes raíces, hasta que se cruzó con un modelo mucho más accesible, flexible y rápido de poner en marcha: las máquinas expendedoras. Ese giro de enfoque —de la propiedad inmobiliaria al vending— fue el punto de partida de un negocio que terminó facturando cientos de miles de dólares al año. Pero no fue suerte, ni “negocio fácil”: detrás hay decisiones inteligentes, errores costosos y aprendizajes que vale la pena desmenuzar.
Marcus se mudó a Filadelfia con la idea de entrar al mercado inmobiliario. Como muchos emprendedores, pensaba en propiedades, alquileres y plusvalía. Sin embargo, al analizar números se dio cuenta de algo clave:
- El capital inicial para bienes raíces era alto.
- El tiempo de retorno era largo.
- El margen de error, grande.
En paralelo, descubrió el mundo de las máquinas expendedoras: equipos relativamente sencillos, con una inversión inicial mucho menor y capacidad de generar flujo de caja constante, todos los días, sin necesidad de estar físicamente en el lugar.
Esa combinación lo sedujo. Tomó 10.000 dólares de ahorros y decidió apostar por un objetivo muy concreto: convertir ese capital en una empresa millonaria en el sector vending.
De una máquina a operar en cuatro estados
Así nació Joyner Vending. Lo que comenzó con pocas máquinas se fue profesionalizando y expandiendo hasta operar, en 2021, 18 máquinas expendedoras repartidas en cuatro estados de Estados Unidos.
La empresa generó ese año más de 307.000 dólares en ingresos, según documentación verificada por medios especializados. Lo interesante es que esos ingresos no provenían únicamente de la venta de snacks y bebidas:
- Una parte venía de la operación tradicional de las máquinas.
- Más del 60% provenía de la reventa de máquinas a otros emprendedores que querían entrar al negocio.
En otras palabras, Marcus no solo ganaba con lo que las máquinas vendían, sino también con el know-how y la infraestructura que había construido. Eso le permitió transformar parte del negocio en ingresos más pasivos, menos dependientes de su tiempo diario.
No nació con ventajas: de la pobreza al negocio propio
El relato de Marcus no encaja en la imagen romántica del emprendedor “predestinado”. Él mismo lo reconoce: se crió en la pobreza, estudió, hizo una maestría, y aun así no lograba alcanzar el nivel de éxito que tenía en mente.
La diferencia llegó cuando encontró un modelo que conectaba tres factores:
- Una barrera de entrada relativamente baja (comparado con otros negocios).
- La posibilidad de escalar sumando máquinas y ubicaciones.
- Un sistema que permitía convertir conocimiento en productos digitales:
- Libros electrónicos.
- Cursos online donde enseña a otros cómo iniciar su propio negocio de vending.
Con eso, su experiencia se convirtió en un activo: no sólo vende snacks, también vende aprendizaje y atajos para que otros no repitan sus errores.
Donde otros ven una máquina, él ve un punto de venta estratégico
Uno de los aprendizajes más potentes de su historia tiene que ver con la ubicación. No todas las máquinas venden, y no todos los lugares son rentables.
Antes de tener sus primeros clientes corporativos —propietarios de edificios, empresas, casinos, almacenes— Marcus decidió comportarse como si ya fuese una marca grande:
- Creó un sitio web profesional.
- Diseñó un logo y material de marca.
- Mandó a hacer polos y gorras con su nombre.
- Preparó tarjetas de presentación.
Ese cuidado en la presentación no era un capricho estético: le permitía sentarse a negociar como un proveedor serio, incluso cuando su empresa todavía estaba en etapa inicial. Esa percepción de profesionalismo le ayudó a competir contra actores mucho más grandes en el rubro.
El error de los 5.000 dólares: cuando la emoción equivale a perder dinero
No todo fue éxito. Uno de los episodios más reveladores tiene que ver con un mal cálculo que le costó caro.
A los pocos meses de haber lanzado su negocio, consiguió lo que parecía una gran oportunidad: instalar dos máquinas en un despacho de abogados. Invirtió 5.000 dólares para equipar y colocar esos equipos.
El resultado fue frustrante: durante los primeros cinco meses, las máquinas apenas generaron 60 dólares al mes.
¿Por qué?
Porque, como él mismo admite, no había hecho una evaluación de la ubicación ni de los hábitos de consumo de las personas que trabajaban allí:
- Los empleados no pasaban mucho tiempo en sus escritorios.
- Solían salir a comer y tomar algo fuera de la oficina.
- El flujo frente a las máquinas era bajo y poco recurrente.
Movido por la emoción de “cerrar un cliente grande”, se saltó los números, el análisis y las preguntas concretas. Y el negocio se lo cobró.
El nuevo criterio: más de 50 personas o nada
Después de ese golpe, Marcus ajustó sus reglas. Hoy no coloca una máquina en cualquier sitio solo porque “suena bien”. Aprendió a filtrar.
Su criterio actual incluye:
- No instalar en lugares donde haya menos de 50 personas entrando y saliendo, salvo excepciones muy específicas.
- Priorizar espacios donde el tipo de trabajo aumente el consumo, por ejemplo:
- Almacenes.
- Turnos nocturnos.
- Trabajos manuales donde las personas consumen más calorías.
Además, insiste en dos factores clave para evaluar cada posible ubicación:
- Accesibilidad: que la máquina sea fácil de encontrar y usar.
- Visibilidad: que esté en una zona de alto tránsito, no escondida en un rincón.
Una máquina ubicada al fondo de una sala cerrada puede pasar completamente desapercibida, aunque el edificio tenga mucha gente. Del mismo modo que un local comercial mal ubicado, una máquina mal situada es casi un adorno caro.
El casino que demostró el poder de una buena ubicación
El contraste con su mala experiencia en el despacho de abogados es brutal. Uno de sus puntos más rentables es un casino.
En ese lugar, una sola máquina generó:
- 6.400 dólares en su primer mes
- 7.200 dólares en el segundo
La diferencia no fue la máquina en sí, sino el lugar:
- Personas permaneciendo largas horas.
- Tránsito constante.
- Clientes dispuestos a comprar bebidas y snacks sin salir del entorno de juego.
La misma lógica aplica a los almacenes y centros logísticos, que también se han convertido en ubicaciones muy atractivas para su negocio: equipos que trabajan por turnos, operarios con poco tiempo para salir y una necesidad permanente de energía rápida.
De operador de máquinas a constructor de un ecosistema
Hoy, el negocio de Marcus no es solo ir, recargar productos y vaciar el dinero de las máquinas. Ha sofisticado su modelo:
- Renovó muchas de sus máquinas, invirtiendo en equipos nuevos solo cuando la ubicación justifica el gasto.
- Diseñó procesos para que gran parte del flujo diario sea predecible.
- Transformó su experiencia en contenido formativo (ebooks y cursos digitales) donde enseña a otros a entrar al mundo del vending con menos tropiezos.
Es decir: pasó de ser simplemente un operador de máquinas a convertirse en arquitecto de un sistema, con varias fuentes de ingreso alrededor de la misma idea central.
Lo que deja esta historia a cualquier emprendedor
Más allá del contexto específico de Estados Unidos, casinos y almacenes, la historia de Marcus Gram deja varias lecciones universales para quien quiere emprender:
- No enamorarse de la idea, sino del flujo de caja.
Él pasó de soñar con bienes raíces a mirar con frialdad qué modelo podía darle retorno más rápido con menos capital. - La presentación importa.
Web, logo, tarjetas, ropa corporativa: pequeños detalles que construyen confianza y te permiten competir con jugadores grandes aun siendo pequeño. - La ubicación puede elevar o destruir un negocio.
Sus máquinas en el despacho de abogados le recordaron que no todo contrato es un buen contrato. - Los errores se pagan, pero también enseñan.
Perder dinero en una mala ubicación le sirvió para definir criterios claros y no repetir el mismo fallo. - El conocimiento también es un producto.
Cuando dominas un modelo, puedes enseñar a otros y abrir una nueva línea de ingresos sin depender solo de la operación física.
La historia de Marcus no es una promesa de riqueza rápida; es una radiografía honesta de cómo un negocio aparentemente simple —dos máquinas expendedoras y una idea clara— puede escalar si se combina con análisis, disciplina y visión a largo plazo.
Lo que empezó como una salida de la pobreza y un sueldo de 17 dólares la hora, se transformó en un ecosistema rentable donde cada máquina, cada ubicación y cada curso digital son piezas de un mismo mapa: el de alguien que decidió dejar de ser solo empleado del tiempo y convertirse en dueño de un sistema que trabaja también cuando él no está.
Por: Luis Morán
De ganar 17 dólares la hora a construir un imperio: la lección real detrás de las máquinas expendedoras que cambiaron su vida